QUE SABE NADIE
Manuel Santelices
¿Recto? ¿Qué es recto? Una línea puede ser recta,
o una calle. ¿Pero el corazón de un ser humano?
Tennessee Williams, Un tranvía llamado deseo
Cualquiera que lea este libro pensará que todo lo que digo es mentira. Ni la más disparatada ficción, ni la más dulzona comedia de Hollywood, podría haber creado una historia como la que voy a contar en estas páginas. Y sin embargo, las pruebas están a la vista. Las portadas de Las Últimas Noticias y La Tercera, los segmentos completos en programas faranduleros de televisión, y esa comentada entrevista en la revista Cosas… Me duela o no, todo es verdad.
Salir del clóset es una cosa. Pero salir con bombos y platillos, rodeado de paparazzi, de cámaras intrusas, quedar marcado para siempre con la E del escándalo en la frente, es otra. Considerando las circunstancias, todo salió bien. Perdí mi trabajo, es cierto, y tuve que abandonar mi departamento cuando me encontré con una jauría de reporteros a la salida del ascensor y a mi vecino, un general retirado, chillándome “¡Pervertido! ¡Dios te va a castigar!”. Pero ahora estoy instalado en Nueva York, en un piso de un dormitorio que, a una renta mensual de tres mil dólares, es tan pequeño y costoso como un diamante. Tengo dos gatos –Gin & Tonic– y un portero que acaba de firmar contrato con Ford Models. Y, lo más importante, tengo a Sebastián.
Hoy por la noche celebraré mi cumpleaños número treinta y uno. Y no lo haré solo. Alberto y Joaquín llegaron ayer de Santiago, y Sebastián vuela hoy desde Madrid. Tenemos reservas en Pastis y después nos vamos de tragos al XL… Me siento como Audrey Hepburn en Desayuno en Tiffany’s.
¡Qué diferencia con mi vida de hace un año! Cuando cumplí treinta, desperté a las siete de la mañana con una llamada de mi mamá.
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